You can’t buy time. Nor make it. You can only respect it. The phrase isn’t ours; it’s from Benoît Tarlant. There is as much philosophy, sensitivity and sincerity in his words as in the champagne his family has been producing for twelve generations in Oeuilly, in the Marne Valley. It was here where, they say, this sparkling wine was born by accident, at Hautvillers Abbey, back in the seventeenth century. The tomb of its creator, the Benedictine Dom Pierre Pérignon, can be visited about five kilometers from Épernay and the famous Avenue de Champagne, that straight stretch where the champagne houses are the most famous in the world and invite a jaw-dropping stroll of sheer opulence. In Oeuilly, instead, there are no palaces or gilded gates. It is, in fact, a fairly ordinary landscape. Nothing in those rows of vines climbing and fading into the distance suggests we are in the prestigious Champagne.
Es innegable que, durante décadas, la región francesa se centró en construir el relato perfecto del lujo alrededor de las grandes maisons. Hasta tal punto que el escenario de base quedó olvidado. Sin embargo, cientos de pequeños viticultores seguían trabajando las mismas laderas de creta que sus abuelos habían plantado mucho antes de ser el champán símbolo de celebración y exclusividad. Hoy en día lo siguen haciendo, sin llamar la atención y a ritmo lento, como sus creaciones. Paula Prokopiak, sumiller de Kuoco, ya había avisado por el grupo de Whatsapp creado para este reportaje: no son las botellas llamativas, ni las fiestas glamurosas, ni siquiera las bodegas deslumbrantes lo que hacen al champán la joya de la Corona de cualquier vinoteca. Es su terroir, su paciencia, su pequeño productor. Lo sabe bien Paula, pues pasó varios años trabajando en la zona antes de hacer del restaurante uno de los templos champaneros de Madrid.
Fue precisamente con un Tarlant en la copa en una de sus mesas donde surgió la oportunidad de acompañarla en una de sus visitas a la región francesa. Todo surgió con una pregunta: ¿Cómo escogen los expertos sus referencias en un sector cada vez más fragmentado? Porque, aunque las bodegas no están pasando por sus mejores momentos, con una caída importante en la población del consumo de alcohol, nunca ha habido tanto actor en el escenario.
Volviendo a Oeuilly, un inesperado sol de entretiempo ilumina la postal para especial deleite de Inés Garp, la fotógrafa, pues la lluvia nos había acompañado desde el aterrizaje en París. Resulta un momento ideal para pasear con la familia Tarlant, un ejemplo del equilibrio perfecto entre modernidad y tradición, nos aclara Paula. Junto a Benoît está su hermana, Mélanie, que nos cuenta que fueron los abuelos, Georges y Germaine, los que plantaron las vides que tenemos delante, allá por 1946. Sin embargo, fue en 1687 cuando el primer miembro Tarlant decidió ponerle su nombre a un champán listo para la venta.

